Una de las dudas que más me trasladan las familias es esta: «¿es normal lo que le pasa a mi hijo o debería preocuparme?». Y es una pregunta preciosa, porque nace del cuidado.
No existe una respuesta única, pero sí algunas señales que conviene observar con atención. Que aparezcan no significa que haya un problema grave: significa que quizá tu hijo necesita un espacio para expresar lo que le cuesta poner en palabras.
1. Cambios de humor que se mantienen en el tiempo
Todos los niños tienen días mejores y peores. Lo que merece atención es cuando la tristeza, la irritabilidad o el enfado se vuelven constantes durante semanas y afectan a su día a día.
2. Miedos o preocupaciones que le limitan
El miedo forma parte del desarrollo. Pero cuando un miedo impide que tu hijo duerma, vaya al colegio o disfrute de lo que antes le gustaba, es una buena señal para acompañarlo con ayuda.
3. Cambios en el sueño o la alimentación
Cuesta dormir, se despierta por la noche, come mucho menos o mucho más… El cuerpo a menudo expresa lo que las emociones todavía no saben decir.
4. Dificultades en el colegio o con los amigos
Un bajón repentino en el rendimiento, no querer ir al cole o problemas para relacionarse pueden ser la punta de algo que está costando por dentro.
5. Retrocesos o conductas que no encajan con su edad
Volver a hacerse pipí, hablar «como un bebé» o reaccionar con rabietas intensas fuera de lo habitual pueden aparecer cuando algo le sobrepasa.
¿Y ahora qué?
Si reconoces varias de estas señales, respira. Pedir ayuda no es exagerar ni fallar como madre o padre: es darle a tu hijo la oportunidad de sentirse mejor antes.
En una primera sesión valoramos juntas qué está pasando y cómo acompañarlo. Sin etiquetas y sin prisas. Si tienes dudas, escríbeme sin compromiso y hablamos.