El final del verano trae ilusión, pero también nervios. Para muchos niños, volver al cole significa enfrentarse a lo desconocido: nueva clase, nuevos compañeros, nuevas exigencias. Y eso, a veces, se traduce en ansiedad.
Cómo se manifiesta
La ansiedad no siempre se ve como «miedo». En la infancia suele aparecer disfrazada:
- Dolores de tripa o de cabeza sin causa médica.
- Llantos o enfados por la mañana.
- Dificultad para dormir los días previos.
- Frases como «no quiero ir» o «me duele todo».
Qué puedes hacer en casa
- Anticipa con calma. Hablar de lo que va a pasar reduce la incertidumbre. Repasar juntos la mochila o el camino al cole ayuda.
- Valida sus emociones. Evita el «no es para tanto». Prueba con «es normal estar un poco nervioso, yo también lo estaría».
- Recupera rutinas poco a poco. Volver a los horarios de sueño unos días antes suaviza el cambio.
- Despedidas cortas y seguras. Alargar la despedida aumenta la angustia. Un abrazo, una frase de confianza y marcharte transmite seguridad.
Cuándo conviene consultar
Si la ansiedad se prolonga más de unas semanas, es muy intensa o impide que tu hijo vaya al colegio con normalidad, merece la pena pedir ayuda. Cuanto antes acompañamos, más fácil es que recupere la seguridad.
En consulta trabajamos las emociones con herramientas adaptadas a su edad, y damos a las familias pautas concretas para casa y para coordinarse con el colegio.
¿Notas que a tu hijo le cuesta más de lo normal? Escríbeme y lo vemos juntas.